¿Se puede pensar sin un lenguaje?

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Las personas (el Homo sapiens) somo los únicos seres vivos que tenemos una de las herramientas más poderosas a nuestra disposición: el lenguaje. Muchos pensaréis que no, que estoy equivocada, que los animales también son capaces de comunicarse y que algunos de ellos tienen una gran inteligencia. Pues sí, tenéis razón los animales (incluso las bacterias) tiene sistemas de comunicación que puede llegar a ser muy complejos, pero NO tienen todos los elementos necesarios para que se lleguen a considerar lenguaje. Y es que el lenguaje está compuesto de diferentes elementos: autoconciencia, sintaxis, desplazamiento (capacidad de pensar más allá del aquí y el ahora) y simbolismo.

Se cree que la aparición del lenguaje ocurrió de forma paralela a capacidad de otra característica exclusiva de las personas: el pensamiento simbólico. Este permite relacionar objetivos, acciones y/o ideas con alguna representación arbitraria. Pero casi lo más importante es que el pensamiento simbólico nos permite evadirnos del presente y nos da la capacidad de mover nuestros pensamientos y nuestras acciones tanto en el pasado como en el futuro. Además, nos permite imaginar cosas más allá del mundo físico actual. Asimismo, el lenguaje nos permite generar un conocimiento no solo que podemos compartir con las personas que nos rodean, sino que podemos aprender de gente que ha vivido mucho antes que nosotros y enseñar a gente que aun no ha nacido.

De forma general pensamos que el lenguaje es una forma de comunicarse, pero sobre todo deberíamos darnos cuenta de que es una forma de poder articular nuestros pensamientos. Párate. Piensa en algo. ¿Acaso no oyes en tu mente esas palabras que utilizas para pensar? Tu mente tiene un diálogo continuo contigo, aunque probablemente muchas de esas palabras se queden siempre ahí y no llegues nunca a exteriorizarlas.

Evidentemente no necesitamos el lenguaje para recibir la información sensorial que nos aportan los diferentes los sentidos. Ni tampoco necesitamos el lenguaje para llevar a cabo acciones que realizamos de forma automática y sin pensar, pero ahí está la clave. El no pensar. Cualquier acción que requiere de un mínimo de pensamiento o planificación necesita antes que se materialice, al menos en nuestra mente, en forma de palabras (se lleguen a expresar oralmente o no). Si estamos pensando en cualquier cosa nuestra mente lo está llevando a cabo a través del uso del lenguaje. Igual es que soy una persona que habla demasiado consigo misma mentalmente pero no creo que haya ninguna cosa que necesite un mínimo de pensamiento que pueda llevar a cabo sin haberlo discutido previamente en mi mente. Ya no digamos planificar algo e intentar contárselo a mis amigos.

Neurociencia Radio

Sección de tema neurocientífico en una radio

Foto de Matt Botsford / Unsplash
  • El apartado de neurociencia de hoy va a ser algo diferente, ya que en esta ocasión vamos a empezar hablando con nuestra experta sobre las bacterias de nuestra vida.
  • ¡Pues si! Me gustaría empezar esta sección de neurociencia hablando de microorganismos porque, aunque parezca mentira, según qué virus, qué bacterias, qué hongos y demás seres microscópicos decidan vivir sobre nosotros y dentro nuestra va a depender nuestra salud. Esto se debe a que estos diminutos seres (que nos acompañan a lo largo de toda nuestra vida) van a influir fuertemente en el desarrollo de nuestro sistema inmune y en nuestras funciones metabólicas. En cada uno de nosotros vive una combinación única de microorganismos, que empieza a formarse durante el nacimiento (algunos dices que incluso antes), se aumenta con la lactancia y se va modificando a lo largo de toda nuestra vida. Además, también hay otros factores que influyen en gran medida en que bacterias van a decidir quedarse q vivir con nosotros: como la edad, nuestro sexo, o nuestra forma de vivir.
  • ¿Y en qué parte del cuerpo se encuentran estos microorganismos, al parecer, tan importantes para nuestra salud?
  • Prácticamente todas las partes de nuestro cuerpo, por supuesto con algunas excepciones, están habitadas por virus, bacteria y el resto de microorganismos. Pero donde mayor cantidad de ellos hay es en nuestro tracto gastrointestinal, sobretodo en el intestino. De hecho, al conjunto de todos las bacterias que viven en nuestro intestino recibe el nombre de microbiota intestinal y hoy en día sabemos que esta microbiota intestina juega un papel importantísimo en la salud humana.
  • Pero, este es un apartado de neurociencia… ¿qué tiene esto que ver las bacterias de nuestro intestino con la neurociencia?
  • Pues mucho más de lo que podría parecer en un principio. Me explico. Por un lado, se ha visto que la dieta (entendiendo dieta como nuestros hábitos alimenticios, no como un régimen específico) afecta a algunos aspectos de la función cerebral y del comportamiento. Este efecto de la dieta sobre nuestro cerebro se produce a través de la influencia de la microbiota intestinal (las bacterias del intestino), ya que el intestino tiene una red neuronal muy extensa que no solo facilita la comunicación, sino que hace posible una continua interacción con el sistema nervioso central. Además, en los últimos años los investigadores nos hemos dado cuenta de la importancia de la microbiota intestinal lo que ha hecho que se amplíe el concepto del eje intestino-cerebro, lo que puede ser bastante relevante para el desarrollo de terapias y tratamientos relacionados con la salud mental y ciertas enfermedades neurológicas.
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  • Has mencionado el concepto del eje intestino-cerebro, que no había oído nunca, ¿podrías explicar un poco de qué se trata?
  • Tradicionalmente se ha aceptado que el cerebro es capaz de modular diferentes sistemas del organismo, entre ellos el sistema gastrointestinal. En este sentido, Las primeras observaciones directas sobre este hecho que datan de finales del siglo XIX. están basadas en que los estados emocionales podían alterar el tipo de secreción gástrica o el ritmo intestinal. Pero hoy en día en neurociencia ya se utiliza el término eje intestino-cerebroque es una conexión bidireccional de información que se produce entre los sistemas neuroinmune, neuroendocrino con varios sistemas nerviosos: 1) el sistema nervioso central, 2) el sistema nervioso autónomo y 3) el sistema nervioso entérico; que se realiza a través de la activación sensorial de nervios aferentes y eferentes del nervio vago. Por si fuera poco, desde hace algún tiempo se habla ya y por eso quería empezar hablando de las bacterias del intestino del eje microbiota-intestino-cerebro por el cual estas bacterias afectan a nuestro comportamiento, pero a la vez cambios en la conducta también modifican nuestras bacterias.
  • Entonces, ¿ya se sabe que hay enfermedades que son producidas por las bacterias de nuestro intestino?
  • Pues sí, ya se sabe que algunas patologías se producen como consecuencia de alteraciones en la composición de nuestras bacterias intestinales, que es lo que los científicos llamamos disbiosis. Durante esta disbiosis aumenta la cantidad de ciertas de la microbiota intestinal. Algunas de estas bacterias producen ciertos neurotransmisores que, a través del nervio vago, inducen la activación de procesos inmunoinflamatorios y de estrés oxidativo así como mecanismos neuromoduladores y procesos epigenéticos. Todo esto llega al sistema neuroendocrino y al sistema nerviosos central alterando nuestro comportamiento.
  • ¿Por qué se producen estas alteraciones en las bacterias de nuestro intestino que tan mal nos sientan?
  • Estos cambios en la composición normal de la microbiota están normalmente producidos por aspectos de la vida moderna actual como tener nuevos hábitos alimenticios, hacer un uso masivo de compuestos antibióticos o estar continuamente sufriendo de estrés continuo. Todos estos factores de nuestra vida pueden afectar al movimiento y a las secreciones de los intestinos y producir también hipersensibilidad visceral. Incluso, como en ocasiones la disbiosis también afecta a células neuroendocrinas y células del sis­tema inmune se pueden producir diferentes manifestaciones psiquiátricas.
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  • Y a parte del gusto por el saber, ¿conocer estas cosas sirve para algo?
  • ¡Por supuesto! Gracias a estudios realizados en animales sin bacterias intestinales hemos comprobado que estas juegan un papel clave en el buen funcionamiento del sistema inmune y del sistema digestivo. Además, también son necesarias para un buen funcionamiento de los mecanismos de respuesta al estrés y la ansiedad, y para el mantenimiento de funciones cognitivas (como la memoria). De hecho, se ha demostrado que el trasplante de material fecal de pacientes con trastornos psiquiátricos a ratas sin bacterias intestinales puede inducir en estos animales síntomas psiquiátricos. Además, parece que dos enfermedades como son el Síndrome de Colon Irritable y la Enfermedad Inflamatoria Intestinal se deben a una mala comunicación dentro del eje microbiota-intestino-cerebro. Para intentar tratarlas se están probando nuevas terapias a través intervenciones nutricionales y suplementos de probióticos específicos con los que están obteniendo buenos resultados. Las investigaciones en los modelos preclínicos sugieren que el efecto de las bacterias en el comportamiento quizás podría estar más relacionado con cambios en la amígdala y en el hipocampo.
  • ¿Se podría utilizar bacterias para tratar enfermedades neurológicas?
  • Pues estamos trabajando en ello. A partir del estudio del eje microbiota-intestino-cerebro, se está intentando abrir una nueva línea de opciones terapéuticas en este tipo de enfermedades. Por ejemplo: 1) el uso de probióticos que son microorganismos vivos que, cuando se ingieren en las cantidades adecuadas, pueden aportar beneficios para la salud de quien los consume; 2) el uso de prebióticos, compuestos obtenidos de microorganismos que el nuestro cuerpo no puede digerir, pero que tienen un efecto fisiológico en el intestino al estimular, de manera selectiva, el crecimiento y la actividad de las bacterias beneficiosas; 3) el uso de compuesto antibióticos.
  • ¿Qué tipo de trastornos neurológicos se podrían tratar con este tipo de terapias que emplean bacterias para producir neurotransmisores?
  • Pues los datos parecen indicar que este nuevo tipo de terapias sería útil para tratar enfermedades tan comunes como la depresión, el autismo o el TDH.  Incluso algunos estudios muestran su potencial para tratar enfermedades neurodegenerativas como son el Parkinson o el Alzheimer. Muchas de las terapias de vanguardia para los trastornos cerebrales tienen como objetivo restablecer la neurotransmisión en las áreas cerebrales afectadas, y es que dado que algunas bacterias pueden producir grandes cantidades de neurotransmisores (como la acetilcolina y la serotonina) la idea es de utilizar estos microorganismos para producir estos compuestos como terapia y tratar los trastornos neurológicos.
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  • ¿Entonces estamos ante la posible cura de todas estas enfermedades?
  • Desgraciadamente aún es muy pronto para hablar de cura. Aun no nos encontramos en ese punto. Pero sí que estamos avanzando mucho. Lo primero que se debe hacer para poder tratar y/o curar una enfermedad es comprenderla por completo. Y es que, a pesar de todos los grandes adelantos en relación a este tema de los últimos años, a la hora de hablar del eje microbiota-intestino-cerebro todavía nos movemos en un campo relativamente nuevo. Aun no conocemos de forma exacta como se produce la comunicación bidireccional del eje microbiota-intestino-cerebro. Es muy difícil avanzar en este tema ya que los estudios en humanos son muy escasos, viniendo la mayor parte de la información de estudios hecho con animales que, aunque es una primera aproximación no es lo ideal. Además, siempre existe la duda de si es la disbiosis la que causa los trastornos neurológicos o si es al revés. Y, por último, pero no por ello menos importante, hay que tener en cuenta en cada uno tenemos una microbiota intestinal única por lo que tanto los diagnósticos como los tratamientos deberían de hacerse en función de cada paciente.

Cultura y evolución

Nuestro genotipo, el conjunto de genes presentes en los cromosomas, es casi idéntico en todos y cada uno de nosotros (99,9%). Sin embargo, casa persona es completamente diferente al resto, incluso los hermanos gemelos tienen caracteres y comportamientos diferentes. Esto se debe a que los genes nos ofrecen diferentes posibilidades, pero depende de nuestras circunstancias específicas (entre ellas nuestro ambiente) el cómo nos vamos a desarrollar como personas. Sin embargo, también hay que tener en cuenta que nosotros somos los que creamos nuestra cultura así que entramos en una especie de ciclo que se retroalimenta. De esta forma, cambios en nosotros (como seres vivos) producidos por un cierto ambiente pueden deberse a modificaciones sobre dicho entorno. Y es que en la compleja relación genes-organismo-medio los tres factores actúan tanto como causa y como efecto. De hecho, se ha visto que el ambiente es capaz de marcar algunos de nuestros genes modificando su comportamiento.

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Somos quienes somos, no solo por nuestros genes sino por nuestra cultura, que normalmente está relacionada con el lugar en el que vivimos. Y es que como dijo el antropólogo Marvin Harris “por sí sola, ninguna predisposición genética puede explicar nada sobre el comportamiento humano real”.

Por todo esto, no podemos estudiar nuestra evolución biológica como especie sin tener en cuenta nuestra cultura (y su evolución) a lo largo de todo este tiempo. Y es que la evolución cultural y biológica son bastante similares. En ambos casos hay una variabilidad (genética o cultural) sobre la que actúa la selección natural. Sin embargo, también hay diferencias. La evolución cultural es mucho más rápida y puede darse entre civilizaciones distintas.

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Nuestra cultura puede afectar a nuestra evolución biológica en varios sentidos. Por ejemplo, nuestra capacidad craneal probablemente sea muy similar a la del Homo sapiens “original” pero seguramente nuestra cultura ha permitido que nuestra conciencia y nuestros estados cerebrales sean bastante diferentes. De igual forma, nuestra cultura con nuestros avances médicos hace que personas que en otros tiempos no habrían sobrevivido, bien por enfermedades o por accidentes, lo hayan conseguido y se reproduzcan aportando sus genes “no-aptos” a la población. Por último y basándome en una película que se llama Idiocracia, podría suceder en un futuro que la población tenga una menor inteligencia ya que hoy en día en nuestra cultura las personas que más hijos tienes no suelen ser aquellas personas más inteligentes.

Código genético

KES47 / Wikipedia

El famoso ácido desoxirribonucleico (ADN) es uno de los componentes clave de nuestras células ya que se encarga de controlar el metabolismo y de regular el ciclo celular. Esta molécula de gran tamaño (billonésimas de gramo de peso y diez millonésimas de milímetro de largo) constituye entre el 5 y el 15% del peso seco de nuestras células.

Aunque el ADN humano está compuesto por 3.000 millones de unidades que reciben el nombre de bases nitrogenadas, siempre son las mismas que se repiten una y otra vez: adenina (A), guanina (G), citosina (C) y timina (T). Estas unidades se disponen a lo largo de dos cadenas enfrentadas que se mantienen unidas a través de enlaces y que le dan un aspecto de escalera a esta hélice.

Para que la información necesaria presente en el ADN llegue a los ribosomas, que es donde se construyen las proteínas, es necesario que se forme ARN mensajero. El ARN, que se construye durante un proceso que se llama transcripción, está formado por las mismas cuatro bases nitrogenadas, con la excepción de la timina que se sustituye por uracilo (U). Estas cuatro bases nitrogenadas son las unidades que al traducirse dan lugar a las proteínas (polipéptidos) de todos los seres vivos.

Khan Academy

Pero… ¿qué es el código genético?

“El código genético es el conjunto de reglas que define cómo se traduce una secuencia de nucleótidos a una secuencia de aminoácidos en una proteína”.

Andrés Samael Cortina Ramírez / Wikipedia

La secuencia de las cuatro bases nitrogenadas constituye los genes que son los encargados de dar lugar a las proteínas. Varios genes pueden estar relacionados con la fabricación de una sola proteína. Pero también puede suceder lo contrario, que un mismo gen pueda estar relacionado con la formación de distintas proteínas. Cada triplete de bases nitrogenadas es lo que se denomina codón, y cada codón se traduce posteriormente en un aminoácido determinado que formará parte de alguna proteína.

Aunque hay ciertas excepciones, como regla general el código genético es común en todos los seres vivos. El mismo codón suele dar lugar al mismo aminoácido en la gran mayoría de seres vivos. Este hecho de que todos los seres vivos tengamos el mismo código genético parece indicar que todos los organismos de este planeta tenemos un origen único y universal. Por lo tanto, nosotros los humanos no somos más que un organismo más (aunque algo peculiar) en este mundo. Otra cosa interesante que de que tengamos el mismo código genético desde el punto de vista biotecnólogico es que esto ha hecho posible la creación de organismos y compuestos transgénicos. Compuestos de este tipo, como por ejemplo la insulina que utilizan las personas con diabetes ha conseguido salvar una gran cantidad de vidas.

Algoritmo A*

En ciencias de la computación, A* (estrella) es un algoritmo informático que fue presentado por primera vez en 1968 por Peter E. Hart, Nils J. Nilsson y Bertram Raphael. Es un algoritmo muy utilizado para buscar una ruta posible y eficiente entre dos puntos. Esta ruta que ha de tener el menor coste posible se produce entre un origen y un destino llamados nodos.

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A* es un algoritmo heurístico, ya que hará uso de una función de evaluación heurística. Esta que es una de sus principales características se basa en que etiqueta los diferentes nodos de la red según el coste de llegar al objetivo. Esta forma de etiquetar los nodos está compuesta a su vez por otras dos funciones: 1) una muestra la distancia actual desde el nodo origen hasta el nodo a etiquetar, y  2) la otra indica la distancia desde este nodo a etiquetar hasta el nodo destino. Esto le sirve, en función de los valores obtenidos, de establecer la probabilidad que tienen los nodos de la red de formar parte de la ruta más eficiente. Existen diferentes heurísticas, pero solo son admisibles si nunca sobreestiman el coste de alcanzar el objetivo. Es decir, solo son válidas cuando en el punto actual la estimación del coste de alcanzar el objetivo nunca es mayor que el menor coste posible.

El algoritmo A* solo puede utilizarse cuando se cumplen unas determinadas condiciones. Además, hay situaciones donde podría no funcionar bien por diferentes razones. Una desventaja práctica muy importante del algoritmo A* es su necesidad de almacenamiento ya que guarda en su memoria todos los nodos generados. Otra de sus limitaciones es cuando existen factores dinámicos, es decir, cuando el terreno es modificable o existen objetos móviles. Por ejemplo, algunos videojuegos que tienen mapas muy grandes son muy exigentes en cuando a requerimientos en tiempo real, así como en cuanto a almacenamiento de datos y tiempo de procesador. Aunque hubiera suficiente memoria para realizar los cálculos, podría ser que estos fueran ineficientes e inadecuados.

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¿Qué bebes?

No se puede negar. La cafeína está de moda. Pocas son las personas que no toman nada de cafeína a lo largo del día. Pero…

¿Cómo funciona la cafeína? La cafeína es un alcaloide que bloquea los receptores de una molécula que se llama adenosina que tiene efectos sedantes e inhibitorios del sistema nerviosos central. Por eso tiene la capacidad de excitarnos. De hecho, está demostrado que 75 mg de cafeína mejoran procesos cognitivos que aumentan la atención, la memoria y el aprendizaje. Además, la cafeína también puede aumentar la resistencia al ejercicio (3 mg cafeína/kg peso corporal) y reducir la sensación de cansancio (4 mg cafeína/kg peso corporal) si la tomamos una hora antes de hacer deporte.

Hoy en día ya no solo podemos consumir cafeína tomándonos un café, sino que también está incluida productos de todo tipo: zumos enriquecidos, suplementos deportivos, chicles funcionales y complementos alimentarios. Pero donde más ha aumentado el consumo de cafeína es a través de las bebidas energéticas (también llamadas bebidas energizantes). Y es que por cada 80-100 mg de cafeína que hay en un café expreso nos encontramos con 105-150 mg por cada lata de bebida energética.

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Muchas de este tipo de bebidas tienen una gran concentración no solo de cafeína sino que tienen un montón de azúcar también. Al ser normalmente latas de gran tamaño hace que consumamos bastante más de estas dos sustancias de los que pensamos. Veamos varios ejemplos de bebidas energéticas y comparemos los datos de cafeína y azúcar con los de un refresco.

Red Bull: la primera bebida energética del mercado. Su lata de 355 mL contiene 11 g de azúcar y un 0,03% de cafeína por cada 100 mL de bebida. Esto quiere decir que cada vez que nos bebemos esta lata le metemos al cuerpo 36,85 g de azúcar y 106,5 mg de cafeína.

Monster: Bebida energética muy conocida cuyos envases son de gran tamaño. Su lata de 500 mL contiene 12 g de azúcar y un 0,03% de cafeína por cada 100 mL de bebida. Esto significa que esta lata tiene un total de 60 g de azúcar y 150 mg de cafeína.

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Burn: Bebida energética que se vende en latas de menores tamaños. Su lata de 500 mL, contiene 16 g de azúcar y un 0,03% de cafína por 100 mL de bebida. Por lo tanto, por cada una de estas latas consumimos 80 g de azúcar y 150 mg de cafeína.

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Coca-cola: refresco de cola. Su lata de 330 mL contiene 10,6 g de azúcar por 100 mL, pero no pone la cantidad exacta que contiene de cafeína. Por lo tanto, por cada una de estas latas consumimos 34,98 g de azúcar y una cantidad indeterminada de cafeína.

Por lo tanto, la lata de Burn es la bebida que mayor contenido nos aporta tanto de cafeína como de azúcar, 150 mg y 80 g, respectivamente. Le seguiría el Monster (150 mg y 60g) y por último Red Bull (106,5 mg y 36,85 g). Como vemos en función de los datos, la cantidad de azúcar de una lata de coca-cola es mucho menor (34,98 g) que la que hay en el Burn (80 g) y Monster (60 g) aunque similar a una lata de Red Bull (36,85 g). Dado que la concentraciones entre las diferentes marcas no varía mucho, estas grandes diferencias que observamos cuando nos tomamos una lata de estos productos se encuentra en el tamaño del envase. Lo que me hace preguntarme a que se debe que estas compañías de bebidas energéticas hayan elegido unos volúmenes de consumo tan diferentes: 500 mL (Monster y Burn) y 355 mL (Red Bull).

Además de la cafeína y el azúcar, las bebidas energéticas tienen otras sustancias que las compañías utilizan como reclamo ya que, en teoría, les proporcionan un alto valor añadido (ejemplos son la taurina, el ginseng o la carnitina). Sin embargo, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), ya ha dicho hay no evidencias de que estas sustancias tengan ninguna propiedad saludable (al menos de momento).

Aunque a muchos os pueda sorprender las bebidas energéticas están sobretodo dirigidas a un público joven. De hecho, datos oficiales de la EFSA muestran que en Europa el 18% de los niños entre 3 y 10 años y el 68 % de los adolescentes de entre 10 a 18 años consumen este tipo de bebidas de forma habitual. Incluso, el 12 % de estos se beben 7 litros al mes.

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Las compañías detrás de esta bebidas tienen una gran parte de culpa de estas atrocidades, pero está claro que nosotros debemos estar mucho más atentos sobre qué comemos y qué bebemos.

(Programación) Neurolingüística

Seguro que más de alguna vez te ha pasado que tú has dicho una cosa y la persona que te ha escuchado a entendido otra. Esto se debe a que las personas somo seres subjetivos, de forma que nuestra interpretación va a depender de nuestra experiencia vital (nuestras creencias, nuestros valores, nuestro estado de ánimo, etc.). Por este motivo la (programación) neurolingüística (PNL), que se basa en que existe una relación muy importante entre nuestro lenguaje y los circuitos neuronales que se activan cuando nos comunicamos, defiende que la empatía es la clave de la comunicación.

La PNL surgió en California en la década de los 70 como resultado de la combinación de la psicoterapia con la comunicación y el desarrollo personal. Sus creadores, Richard Bandler y John Grinder, dedujeron que entender la relación entre los procesos neurológicos (neuro-) y el lenguaje (-lingüística) con los patrones de comportamiento aprendidos a lo largo de nuestra vida (programación) puede ayudarnos a lograr objetivos específicos.

Según la PNL todos los cerebros son iguales pero lo que hemos vivido y nuestro lenguaje (nuestra “programación”) es lo que nos diferencia unos de otros. De esta forma, todos recibimos información del exterior a través de los cinco sentidos: vista, oído, gusto, olfato y tacto. Sin embargo, está información es continua y, según la PNL, sería también excesiva por lo que de forma inconsciente eliminamos una parte de ella. Así, al recibir solo una parte de la información, esta llega a nosotros normalmente distorsionada.

La PNL defiende que algunas personas tenemos un sentido preferente (modalidad sensorial), de forma que hay personas que perciben mejor el mundo a través de la vista mientras que hay otra gente que lo hace a través de algunos de los otros sentidos. De esta forma, si sabemos cual es nuestro sentido preferente y qué tipo de información es más eficientemente procesada por nuestro cerebro, mejor podremos perfeccionar nuestras capacidades comunicativas al optimizar nuestra habilidad para valorar las diferentes situaciones y comprender a los demás. Además, conocer el sentido preferente de la persona con la que nos queremos comunicar nos permitirá adaptar nuestra forma de interactuar (utilizar aquellas palabras, aquellos gestos o aquellas posturas) para que nuestra charla sea más convincente.

Incluso,  la PNL defiende que podemos saber si una persona miente si dirige su mirada hacia la derecha. En cambio, una persona que levanta la mirada hacia la izquierda estaría pensando en algún recuerdo. Sin embargo, la creencia de que se puede conocer el tipo de procesamiento cerebral que está realizando una persona simplemente por sus movimientos oculares se ha rechazado ya numerosas veces. Y es que muchos afirman es que la PNL en realidad no estudia ni analiza el comportamiento, emociones o pensamientos de los demás, sino que simplemente trata de relacionar conductas observables (cruzar las piernas o los brazos, mirar a la izquierda, tocarse la nariz) con estados estados emocionales (ansiedad, mentir, estar a la defensiva) de forma arbitraria. 

La PNL es una pseudociencia que ha sido ampliamente refutada pero que sigue teniendo un gran éxito sobretodo en el sector empresarial y entre algunos profesionales de la salud. Esto probablemente se deba a la gran confusión que produce el que utilice términos que parecen científicos (neuro-, -lingüística) que le dan apariencia de ciencia. Además, el hecho de que algunos de sus fundamentos resulten muy creíbles y que pretenda cubrir la autoestima, la interacción social y el éxito, sin duda, juega a su favor. Sin embargo, los beneficios de la PNL no han sido comprobados científicamente. De hecho, el psicólogo y divulgador Tomasz Witkowski llevo a cabo un análisis exhaustivo de todas las pruebas empíricas controladas de la PNL que habían sido publicadas hasta la fecha. De 33 estudios relevantes, un 54,5% de los ofrecían resultados negativos sobre la PNL mientras que el 27,3% restante eran ambiguos.

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Por favor, NUNCA confundáis la neurolingüística con la programación neurolingüística (PNL). La neurolingüística estudia los mecanismos del cerebro humano que facilitan el conocimiento, la comprensión y la adquisición del lenguaje, ya sea hablado, escrito o con signos establecidos a partir de su experiencia o de su propia programación. La neurolingüística es una ciencia interdisciplinar, es decir, se basa en otras ciencias como son: la neurociencia, la lingüística, las neurobiología, la neuropsicologia y la ciencia computacional.

Y es que en los últimos años, se ha puesto de moda el usar prefijo neuro- para que cualquier enfoque se asocie con las neurociencias, que son un conjunto de disciplinas científicas que estudian la estructura, la función, el desarrollo, la bioquímica, la farmacología y la patología del sistema nervioso y de cómo sus diferentes elementos interactúan, dando lugar a las bases biológicas de la conducta. 

Atracción Lunar

Los seres humanos siempre nos hemos sentido atraídos por la Luna. Y cuando digo siempre es siempre, ya que no hemos conocido el mundo sin ella. Y es que nuestro querido satélite lleva nada más y nada menos que 4.400 millones de años haciéndonos compañía.

Pero… ¿De dónde salió la Luna? Pues de una gran colisión entre un gran objeto (un hipotético protoplaneta llamado Theia) contra la Tierra. Los restos resultantes de este gran choque salieron disparados, llegando a 384.000 kilómetros de distancia, y tras agruparse dieron lugar a la Luna.

La creación de este satélite tuvo (y sigue teniendo) varias consecuencias para nuestro planeta.

Las mareas. Son cambios periódicos del nivel del mar producidos por la atracción gravitatoria de la Luna (y también del Sol). Las mareas altas se producen cada 12 horas debido al movimiento de rotación de la Tierra que hace que la parte afectada por la Luna vaya cambiando. 

Noches menos oscuras. Aunque la Luna no tiene luz propia, si que puede darnos buena visibilidad al ser capaz de reflejar la luz procedente del Sol.

Las estaciones del año. Las estaciones son periodos de tiempo, de mayor duración que los meses, que tienen un comportamiento característico en relación a alguna variable meteorológica (como las precipitaciones o la temperatura). Su existencia se debe a que cuando se originó la Luna, el choque responsable cambió el eje de rotación de la Tierra. Hoy en día el eje está inclinado 23,5º respecto a la perpendicular que corta el plano de la órbita. El hecho de que el eje este inclinado es algo esencial para entender el clima terrestre.

La combinación de la oblicuidad (el ángulo que forma el eje de la rotación terrestre),  la excentricidad de la órbita (forma de la órbita terrestre en torno al Sol, más circular o más elíptica) y la precesión (el giro del eje de rotación alrededor de la perpendicular al plano de la órbita) de la Tierra son los que determinan cómo varía el clima global a lo largo de los milenios. La descripción de cómo estos tres parámetro influyen en el clima terrestre es lo que se conoce como variaciones orbitales o ciclos de Milankovitch.

Estos tres parámetros cambian a lo largo del tiempo debido a las interacciones gravitatorias entre los objetos del Sistema Solar: 1) La oblicuidad puede variar de 22,1° a 24,5° a lo largo de 41.000 años; 2) La excentricidad de la órbita aumenta y disminuye a lo largo de dos ciclos superpuestos, uno con una duración de 100.000 años y otro de 413.000; y 3) la precesión del eje de rotación terrestre se modifica a lo largo de 21.000 años.

Los ciclos de Milankovitch dan una explicación al hecho de que a lo largo de la historia se sucedan cíclicamente periodos glaciares con periodos interglaciares. Las glaciaciones se caracterizan por una alta excentricidad, baja inclinación (oblicuidad) y una distancia grande entre la Tierra y el Sol. En cambio, los periodos interglaciares tienen una baja excentricidad, gran inclinación (oblicuidad), y distancia menor entre la Tierra y el Sol.

La estrategia del asterisco

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Hoy en día vivimos en una época donde la comida es más segura que nunca. De hecho, toda la comida que podamos encontrar en un supermercado es 100% segura, sin embargo no toda esta comida es saludable.

En general, las personas normales y corrientes (como yo) tenemos cierta idea de lo que es saludable y lo que no lo es. Por ejemplo, el chocolate con leche está muy rico pero todo el mundo sabe que no es un alimento saludable. El problema viene cuando ciertas empresas se aprovechan de nuestra intención de comer sano para meternos productos que en realidad no lo son.

La estrategia del asterisco es una táctica que utilizan ciertas empresas para conseguir que compremos sus productos pensando que van a ser beneficiosos para nuestra salud. Para ello, en su embalaje sugieren que cierto componente nos va a ayudar a mantenernos sanos. Sin embargo, junto al nombre de este ingrediente tan saludable suele aparecer un asterisco que nos indica que en realidad el componente al que se le atribuyen propiedades beneficiosas es otro (que tiene que aparecer aprobado en la lista de declaraciones autorizadas de propiedades saludables de los alimentos). Además, este ingrediente realmente beneficioso debe estar presente en una concentración al menos del 15% de la cantidad diaria recomendada para que sea legal decir que el alimento es beneficiosos para la salud.

El primer ejemplo sería el de Danone que nos dice que su kéfir contiene fermentos lácteos y levaduras de este hongo, y que es “fuente de salud”. Así que lo normal es deducir que estos fermentos sean los responsables de esas propiedades saludables que se le atribuyen al producto. Pero la evidencia científica solamente ha demostrado que los fermentos lácteos ayudan con la lactosa a aquellas personas que tienen problemas para digerirla, pero no para el resto de la población. Sin embargo, es legal que Danone ponga que este producto mejora nuestra salud porque contiene calcio (15%) y vitamina D (15%), que son nutrientes reconocidos científicamente por sus beneficios para la salud.

Algo similar ocurre con el segundo ejemplo, las galletas Chiquilín de Artiarch que aportan energía (y sabor). Como consumidores podríamos pensar que la energía que nos prometen las galletas viene de los cereales, huevos y miel que contienen. Sin embargo, no está regulado que estos ingredientes aporten energía produciendo una mejora en nuestra salud. En cambio, el calcio, el hierro y la vitamina D que contienen estas galletas si que está demostrado que contribuyen al metabolismo energético normal y al funcionamiento normal de los músculos.

Seguro que a partir de ahora tendréis más cuidado con las cosas que decidís comprar en el supermercado.

La construcción del cerebro humano

Yo soy mi cerebro, tú eres tu cerebro, él es su cerebro… vamos, que todos y cada uno de nosotros somos nuestros cerebros. Y cada uno somo diferentes, pero al mismo tiempo somos iguales que los demás. Por eso el estudio del cerebro humano siempre ha generado interés.

Pero empecemos por el principio.