Cada generación ha anunciado catástrofes, y ninguna ha ocurrido. Al revés, el mundo es más vivible ahora y continuará mejorando en el futuro como hasta ahora.”

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Quizá está cita no es muy adecuada hoy en día debido a la crisis mundial que estamos viviendo debido a la pandemia por el nuevo virus del coronavirus SARS-Cov-2 y que nos ha dado un golpe de realidad. Sin embargo, existe una corriente de pensamiento, llamada cornupianismo, que ya lleva tiempo acusando a los científicos de exagerados por su firme convicción de que la tecnología y la innovación serán capaces de resolver cualquier problema de la sociedad. Además, defiende que esto se hará a través del libre mercado y del capitalismo neoliberal ya que le permitirán a los innovadores recoger los beneficios generados. Según la perspectiva cornupiana el Estado no ofrece soluciones a sus ciudadanos y solo actúa aprovechándose de ellos. Es el desarrollo tecnológico el que debe solucionar los problemas que vayan surgiendo con el paso del tiempo. En este sentido, se ha propuesto la geoingeniería, que es la modificación artificial del clima a gran escala, como una posible solución para luchar contra el calentamiento global. Sin embargo, los datos parecen indicar que esta intervención climática o resultará ineficaz o tendrá importantes efectos secundarios.

Hay varios nombres que merece la pena destacar dentro de las ideas cornupianismo. Por un lado, tenemos al economista Julian Simon, también conocido como el “liquidador del pesimismo”, que afirmaba que los escenarios sombríos y catastróficos son erróneos y el futuro sigue siendo luminoso. También tenemos al científico Fred Singer que acusaba el resto de científicos de estar excediéndose en temas como el calentamiento global. Y, por último, pero no por ello menos importante, está el politólogo Bjorn Lomborg, quien defiende que el mundo está mejorando de forma continuada y que las alarmas ambientales son en el mejor de los casos exageraciones si es que no falsedades y distorsiones directas. (Sin embargo, muchas tecnologías cruciales se inventaron antes de la llegada del capitalismo. Además, no se puede negar que la Unión soviética fue una sociedad tecnológicamente innovadora).

El solucionismo es otra corriente de pensamiento basada en que la tecnología puede resolver los problemas fácilmente a través de la cuantificación e investigación digital de las conductas de las personas. En esta utopia, la inteligencia humana se delega a las máquinas y la tecnología para que sea ella la que se encargue de solucionar las dificultades que vayan surgiendo. Así, aparece una nueva concepción de la supervivencia basada en elementos posthumanos que harán nuestras vidas mejores.

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