Piscina Rias do Sur, Pontevedra

Aunque ya hace mucho de eso, durante una gran parte de mi vida fui nadadora. Participé en incontables competiciones por toda la península y gané numerosas medallas, incluso en los campeonatos de España. Puede decirse que era una deportista bastante experimentada. Y aún así, cada día en el que tenía una competición los nervios que me invadían cada mañana hacían que me cagara de miedo, literalmente. Desde hace unos años sabemos que es muy normal que cuando nos sentimos de mal humor o nerviosos también nos duela el estómago, tengamos diarrea o estreñimiento. De hecho, que existan frases tan comunes como “sentir mariposas en el estómago” o “digerir las derrotas” que relacionan nuestros sentimientos o nuestro humor con el sistema digestivo puede que sea más que una simple metáfora.

En los últimos años se ha puesto de manifiesto la importancia de la nutrición en nuestra salud y cómo influye fuertemente en nuestra calidad de vida. Así, se ha puesto de moda la “comida real” y han surgido un montón de dietas diferentes más o menos saludables (Dieta keto, Dieta Dukan, Dieta paleo, etc.) que tratan de convencernos de qué cosas debemos comer (y comprar) y cuales no. Sin embargo, poco se habla de para qué sirve comer bien y cómo esto nos beneficia más allá de bajar de peso. Y es que, aunque mucha gente solo se preocupa de su alimentación con el objetivo de adelgazar, es necesario transmitirle a la población que la elección de lo que comemos es mucho más importante que eso ya que tendrá un gran impacto tanto en nuestra salud física como en nuestra salud mental. Por eso hoy quiero hablarte sobre un libro de divulgación científica escrito por Blanca García-Orea Haro (@blancanutri), donde se explica la importancia de nuestra alimentación y cómo esta influye en nuestras bacterias y en el funcionamiento de nuestro cuerpo.

Dime qué comes y te diré qué bacterias tienes” (Blanca García-Orea Haro, 2020) es un libro que nos transmite de forma accesible y amena lo último que se sabe sobre nuestras bacterias y nuestros microorganismos, especialmente aquellos que habitan en nuestro intestino, y cómo regulan diferentes funciones de nuestro cuerpo. Este libro nos sirve como guía para entender qué pasa con nuestras bacterias según qué cosas comamos y qué efectos, tanto beneficiosos como perjudiciales, podemos esperar en nuestro cuerpo. Se explica el papel de nuestras bacterias en el intestino y la gran cantidad de funciones que cumplen en nuestro organismo así como la existencia de una comunicación bidireccional en el llamado eje intestino-cerebro, los trastornos digestivos más comunes y cómo evitarlos a través de la alimentación. También incluyen una serie de recomendaciones sobre aquellos hábitos alimenticios que serían beneficiosos y aquellos que debemos evitar así como una serie de recetas que sirven de ejemplo de una ideas fáciles y saludables. Todo esto, se hace utilizando un lenguaje sencillo, actual y directo. La autora, @blancanutri, es nutricionista clínica, especializada en nutrición digestiva y hormonal con un máster en Microbiota Humana. Suele realizar diferentes tipos de actividades, tanto cursos como divulgación por redes sociales, por lo que tiene una gran experiencia en la comunicación de estos temas sobre la relación entre lo que comemos, nuestras bacterias, nuestra salud y nuestras emociones.

Foto de Gabby K / Pexels.com

Las personas compartimos nuestro cuerpo con billones de microorganismos, de forma que en realidad cada uno de nosotros somos un super-organismo (también llamado holobionte) formado tanto por nuestras células humanas como por una multitud de compañeros microscópicos. Al conjunto de todos estos microorganismos que viven en nuestro cuerpo y nos acompañan a lo largo de nuestra vida se les llama microbiota (no confundir con microbioma, que sería el conjunto de sus genes). Pero no creas que tu microbiota y la mía son parecidas. De hecho, no existen dos microbiotas iguales y es que las bacterias de nuestra vida dependen de una gran cantidad de factores: alimentación, estilo de vida (fumar, beber alcohol, tener mascota…), estrés, calidad del sueño, práctica de deporte. Aunque durante una época se pensaba que había 10 células bacterianas por cada una de nuestras células (proporción 10:1), hoy en día se estima que la proporción sería de 1,3:1. Dicho de otra forma, en una persona media los microorganismos representan entre 1-2 kg del peso total. Para que te hagas una idea de la importancia de las bacterias en el cuerpo, prácticamente todo nuestro organismos está invadido por bacterias: la piel, la nariz, la boca, el oído, los pulmones o el ombligo, pero donde más bacterias hay es en nuestro intestino.

La microbiota intestinal está formada por más de 100 billones de bacterias que viven en nuestro intestino. Esto equivale a entre 2 y 5 vueltas alrededor del mundo si pusieras a todas estas bacterias en fila. Muchas de las bacterias viven con nosotros en base a una relación mutualista en la que nosotros les damos alimento y ellas los digieren y nos aportan sustancias beneficiosas. En cambio, otras bacterias viven como comensales, utilizan nuestro cuerpo como ambiente para vivir y obtener alimentos. Estas bacterias suelen ser inofensivas pero si cambian las circunstancias ambientales (temperatura, pH, disponibilidad de alimentos) pueden volverse perjudiciales y causarnos algún trastorno. Hoy en día parece que está bastante claro que las principales funciones de la microbiota son: 1) prevenir la colonización de microbios patógenos, 2) ayudar a digerir los alimentos, 3) producir sustancias beneficiosas como las vitaminas K y B, que los seres humanos no podemos producir por nosotros mismos, y 4) estimular el sistema inmunitario. Además, produce más del 80% de los neurotransmisores del cerebro por lo que también deben de tener un papel importante en nuestro estado de ánimo.

Foto de Ella Olsson / Pexels.com

El hecho de que nuestra microbiota sea tan abundante hace que sea esencial que entendamos cómo la obtenemos, de qué depende, cómo cuidarla y cómo influye en las diferentes funciones de nuestro cuerpo con una especial relevancia en nuestra salud mental, hormonal e inmunológica. Una microbiota sana se caracteriza por su riqueza (cantidad de microorganismos) y por su biodiversidad (cantidad de especies diferentes), y suele estar dominada por bacterias pertenecientes a los filos Bacteroidetes y Firmicutes cuyas poblaciones deben de estar en equilibrio. Este tipo de bacterias son las que digieren preferentemente alimentos como las frutas, las verduras, las legumbres o los frutos secos. Por eso este tipo de dietas es la considerada más saludable. Si, en cambio, tu alimentación se basa en comida rápida las bacterias de tu intestino serán aquellas que pueden sobrevivir a base de estos alimentos. Hoy en día se sabe que este tipo de microbiota está formada por una menor variedad de microbios, lo que aumenta las probabilidades de que se produzcan desequilibrios en este ecosistema afectando a tu salud. Así, una mala alimentación nos puede predisponer a padecer enfermedades inmunes, depresión o ansiedad. Esto se debe a que las bacterias “buenas” de nuestro organismo no reciben el alimento apropiado y su número se reduce dejando de desarrollar sus funciones como protegernos frente a las bacterias patógenas (que pueden incrementar su número) o producir compuesto beneficiosos.

Foto de Edward Jenner / Pexels.com

La investigación del papel de la microbiota en nuestro organismos es un campo relativamente nuevo pero aún así es muy muy extenso y sobre todo muy complejo. Mucho hemos aprendido desde que en 1683 un fabricante de telas llamado Anton van Leeuwenhoek descubrió unos “animáculos” utilizando un microscopio que el mismo había fabricado. Hubo que esperar casi dos siglo (hasta 1861) para que las personas empezáramos a entender el papel de los microorganismos en el mundo gracias a los descubrimiento de Louis Pasteur sobre que estos podían ser los responsables de diferentes tipos de enfermedades. Hasta principios del siglo XX, concretamente 1908, no se propuso la existencia de bacterias beneficiosas para nuestra salud, que Ilya Metchnikov denominó bacterias ácido lácticas (BAL), capaces de promover la longevidad. En la última década, las investigaciones sobre la microbiota intestinal (llamada flora intestinal hasta 2014) no han hecho más que aumentar. Además, por si el estudio de la microbiota no fuera lo suficientemente complejo, existe un eje llamado intestino-cerebro. En este sistema bidireccional de comunicación la microbiota intestinal también interviene. Por ejemplo, el cerebro puede afectar indirectamente a la microbiora intestinal mediante cambios de la secreción, motilidad y/o permeabilidad intestinal, pero también puede influenciar directamente por vía neuronal a través de la liberación de sustancias por parte de las células del intestino. Por otro lado, la microbiota intestinal influye en el cerebro por la producción de hormonas y neurotransmisores. Así el eje intestino-cerebro está implicado en la percepción del dolor visceral y en la modulación de la respuestas inmune y de las emociones.

Aunque la microbiota y la nutrición están de moda, el hecho de que la dieta no se refiere solamente a la nutrición no es algo nuevo. De hecho, se puede apreciar ya este pensamiento en en el ámbito de la medicina antigua en los tratados hipocráticos de los siglos V y IV a. C (“Aires, aguas y lugares”, “Sobre la naturaleza del hombre”, “Epidemias VI”, y “Sobre la dieta”). En estos el enfoque dietético del médico consiste en un conjunto de prácticas que abarcan más que solamente los hábitos alimenticios de un individuo y cuyo propósito es el cuidado del cuerpo que repercute en el cuidado del alma. Además, como defendía Galeno (siglo II a. C), cualquiera puede controlar sus hábitos y su forma de vida por lo que la nutrición adquiría así una dimensión moral con los puntos de vista estoicos de la la época. La moderación y el equilibrio eran esenciales para la búsqueda de la verdad y el bien último.

En conclusión y aunque aun falta mucho por saber, está claro que la alimentación y nuestras bacterias son importantísimas en múltiples aspectos de nuestras vida, a pesar de que sean las culpables de cagarse de miedo.

Referencias:

García-Orea Haro, B. 2020. Dime qué comes y te diré qué bacterias tienes.

Molina González, L.M. 2010. Dietética y Moral. Medicina y Filosofía en la antigüedad helenística. Estud.filos. 42. pp. 209-250

Sebastián-Domingo, J.J; Sánchez-Sánchez, C. 2018. De la flora intestinal al microbioma. Rev. esp. enferm. dig. 110.

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