Los seres humanos nos creemos muy especiales, pero, en realidad, somos igual que el resto de seres vivos que habitan el planeta Tierra. Simplemente, hemos sabido aprovechar bien nuestras capacidades, y por qué no decirlo, también hemos tenido la suerte de nuestro lado. Pero no todo lo que tenemos nos lo debemos a nosotros mismos. Pues hemos tenido unos compañeros de viaje que nos han acompañado a lo largo de toda nuestra existencia. Y es que en realidad las personas compartimos nuestro cuerpo con billones de microorganismos, somos un super-organismo formado por multitud de compañeros microscópicos.

Foto de Gabby K / Pexels.com

Las bacterias, los virus, los hongos y el resto de microbios que conviven en simbiosis con nosotros no solo nos protegen de diferentes enfermedades, manipulan nuestro sistema inmune y afectan a nuestro comportamiento, sino que han influido en nuestra evolución. Además, los microbios aparte de ser esenciales para nosotros también son claves para el funcionamiento de la vida. La desaparición de los microorganismos traería consigo eventos naturales catastróficos, como la desertización, que acabarían provocando el colapso de la sociedad en apenas solo un año. Así, en contra de lo que mucha gente piensa la mayoría de los microorganismos no son patógenos, es decir, no causan enfermedades infecciosas.

En la actualidad, las personas invadimos y destrozamos ecosistemas naturales que contienen una gran cantidad de especies de animales y plantas (con sus respectivas multitudes de microorganismos, tanto conocidos como no). Desde hace décadas los expertos llevaban advirtiendo que esta alteración de los ecosistemas permitiría que los microbios, y especial los virus, escapen de sus huéspedes naturales y se buscasen uno nuevo. Esto favorecería la posible aparición de un virus con capacidad de generar una pandemia que tuviera consecuencias devastadoras para el mundo. Un ejemplo, sería la destrucción de los bosques tropicales y subtropicales y el consecuente desplazamiento de los murciélagos de su hábitat natural. Estos animales, que a menudo actúan de reservorios de virus, se acercarían a las poblaciones humanas con el objetivo de buscar alimento. Esto facilitaría que a través de sus heces y su orina esparciesen algún microorganismo infeccioso favoreciendo la aparición de una pandemia catastrófica. De hecho, algunas de las enfermedades más preocupantes a día de hoy son aquellas que “saltan” de los animales a las personas y que reciben el nombre de zoonosis (ej. el sida, el ébola, la peste bubónica, la gripe española de 1918, la tuberculosis bovina, la enfermedad de Lyme, la fiebre del Nilo Occidental, la rabia o el síndrome pulmonar por hantavirus). Y eso, si no tenemos en cuenta que en el mundo hay 7.600 millones de humanos hambrientos capaces de comer cualquier tipo de animal para cubrir sus necesidades nutricionales.

Las pandemias no son algo nuevo. Ha habido numerosas pandemias a lo largo de la historia y lo más probable es que siempre las haya. Sin embargo, esta problemática relación del ser humano con la naturaleza, que se ha acelerado en los últimos años de forma dramática, ha aumentado las probabilidades para la aparición de este tipo de episodios. Lo más preocupante es que, a pesar de que toda la información con la que se contaba era más que suficiente para estar preparados y poder tomar decisiones cruciales, no se le prestó la atención suficiente a los científicos y expertos que trataron de advertir de los peligros que se avecinaban.

Foto de Markus Spiske / Pexels.com

Apenas iniciado el siglo XXI, ya hemos tenidos varios avisos de lo que estaba por llegar (y puede seguir llegando en un futuro próximo). En 2003, apareció el síndrome agudo respiratorio severo (SARS), una neumonía atípica muy grave y muy infecciosa causada por un nuevo coronavirus (SRAS-CoV), que se extendió rápidamente por varios países del sudeste asiático, Europa y América del Norte provocando una alarma mundial debido al elevado número de afectados. En 2012, se detectó el síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS), también por un coronavirus diferente (MERS-CoV). Más recientemente, a finales de 2019 surgió una nueva enfermedad denominada COVID-19 causada por un nuevo coronavirus similar al del SARS (SARS-CoV-2) que ha conseguido parar el mundo, afectando fuertemente a la economía y a la política y cambiando por completo nuestra forma de vida.

Puede que la aparición y la rápida propagación de la COVID-19 nos haya resultado sorprendente a la mayor parte de la población, pero en vista de las advertencias de los expertos no era algo imprevisible. Más bien, todo lo contrario, como podemos deducir de todo lo expuesto anteriormente. Por suerte, contamos con un personal científico y sanitario que está colaborando internacionalmente como nunca antes en la historia para intentar aprender de estos nuevos virus para poder tratarlos y controlarlos, y así manejar la situación actual lo mejor posible.

Foto de Anna Shvets / Pexels.com

Aún estamos a tiempo de tomar decisiones que reduzcan el impacto del hombre en la naturaleza y cambiar las circunstancias que favorecen la aparición de estas epidemias. Los gobiernos y las empresas deben darse cuenta de que el peligro ecológico (deforestación, contaminación, emisiones de gases que intensifican el efecto invernadero y alteran los ciclos vitales y ritmos planetarios) se ha traducido en un peligro de salud pública. Por ello, es necesario que cambien su actitud y restablezcan una relación cordial con la naturaleza para así frenar el deterioro del planeta y sentar las bases de un futuro diferente. De esta forma, cobra una especial relevancia la necesidad de asumir una perspectiva ética y filosófica ambiental, que permita la conciliación de las necesidades de la protección ecológica y las necesidades humanas, y que entienda la estrecha interrelación que existe entre unos organismos y otros.

Por último, no debemos de olvidar nuestra participación en la aparición de esta pandemia anunciada, ya que nosotros como consumidores también hemos colaborado sin querer al suponer una presión al mundo natural. Un consumo más ético y racional por nuestra parte puede ser una buena forma de empezar a cambiar las cosas.

Referencias

David Quammen: “Somos más abundantes que cualquier otro gran animal. En algún momento habrá una corrección”

Fuimos nosotros quienes creamos la epidemia del coronavirus

Krainer, A., Martha Guerra, M. 2019. Presentación Ética y filosofía ambiental. En: Letras Verdes. Revista Latinoamericana de Estudios Socioambientales. 26:9-10.

Orgullo microbiano

Quammen. David (2020). Contagio. La evolución de las pandemias. Barcelona: Debate.

Yong, E. 2017. Yo contengo multitudes. Barcelona: Debate.

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