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Recibimos de nuestro alrededor un montón de estímulos diferentes que no solo nos permiten disfrutar del ambiente que nos rodea, sino que también nos ayudan a la hora de percibir posibles amenazas del entorno.

Uno de los sentidos que ha tenido un papel relevante en nuestra supervivencia es el oído, ya que nuestra capacidad auditiva tanto nos advierte de la existencia de peligros próximos como, además, nos permite la comunicación acústica. Para todo esto, la información acústica llega a nuestro oído en forma de sonido. Las ondas sonoras pasan por el canal auditivo, atraviesan el tímpano y gracias al yunque, el martillo y el estribo (los huesos más pequeños del cuerpo humano) llegan a la cóclea. Este es un órgano en forma de caracola en donde el sonido se separa en diferentes tipos de señales según los diferentes intervalos de frecuencias.  Estas señales van al cerebro, través del nervio auditivo. Podemos apreciar que ninguno de los diferentes pasos que intervienen en este proceso son voluntarios.

Puede parecer que escuchar y oír son términos parecidos, y sí son similares, pero no iguales. En ambos casos la recepción del sonido es completamente correcta recorriendo los pasos anteriormente descritos y llegando con éxito al cerebro gracias al nervio auditivo. Sin embargo, la interpretación de la información sonora por el cerebro solo se realiza cuando estamos prestando atención de forma voluntaria a la información acústica que nos está llegando, es decir, estamos escuchando. Si solamente oímos, realizamos la captación de una sucesión de sonidos, pero, aunque la información llega al cerebro este no la llega a procesar. Por lo tanto, podemos decir que la diferencia entre oír y escuchar es la interpretación final del sonido a nivel psicoreceptivo. Dicho de otro modo, oír y escuchar se diferencian por nuestra intención para hacer una cosa o la otra.

Hay que tener en cuenta que nuestros sentidos no son perfectos y que nuestra sensación auditiva tiene una parte subjetiva muy importante. Esto se debe a que la interpretación final de la información acústica que recibimos cuando escuchamos la hace nuestro cerebro. Y cada uno de nosotros tenemos unas vivencias personales diferentes que van a afectar fuertemente a la forma en la que nuestro cerebro va a interpretar los sonidos. De hecho, una misma señal auditiva puede ser interpretada de forma muy diferentes por personas distintas. Esto explica el hecho de que las personas tengamos diferentes gustos musicales y respondamos con distintas emociones ante, por ejemplo, una canción.

Además, se ha demostrado que las personas contamos con “oído selectivo” de forma que, en ocasiones, escuchamos aquello que nos interesa e ignoramos lo que no queremos oír. Esto se debe a que durante el procesamiento de la información en el cerebro este es capaz de seleccionar a que sonidos presta atención excluyendo al resto. Esto suele pasar, por ejemplo, cuando quieres hablar con alguien en un ambiente muy ruidoso, razón por la cual a este hecho también se le conoce con el nombre de “efecto de la fiesta de cóctel”.

Otra capacidad que tiene nuestro cerebro es que tenemos preferencia para prestar atención a aquella información auditiva que nos da la razón e ignora el esto. Esto es lo que se llama “sesgo de confirmación”, y se produce porque cuando escuchamos que alguien argumenta a nuestro favor nuestro cerebro produce la dopamina. Esta hormona es la encargada de proporcionarse una agradable sensación de placer. De hecho, esta administración de dopamina por parte del cerebro explica porque las personas tenemos la tendencia de buscar información que apoye nuestras ideas y opiniones.

En resumen, a pesar de los numerosos estímulos sonoros que nos llegan a diario, tanto nosotros de forma voluntaria como nuestro cerebro tenemos la capacidad de filtrar esta información a nuestro antojo para nuestro interés.

Referencias:

El truco del cerebro que nos permite oír selectivamente

La capacidad auditiva de los homínidos africanos ayuda a entender el origen del habla

Por que escuchas sólo lo que quieres oír

Saber escuchar

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