La revolución francesa trajo consigo grandes cambios sociales y políticos. Puede parecer que la adopción de un nuevo calendario por parte de la nueva república parezca algo banal en este contexto, pero, en realidad, es un gesto cargado de intención ya que generalmente los almanaques están llenos de referencias religiosas y monárquicas. Así que la decisión de utilizar un nuevo calendario pone de manifiesto la intención que tiene la nueva república de romper con los antiguos comportamientos y comenzar una nueva era.

El calendario revolucionario, ideado por el matemático Gilbert Romme, fue formulado en base el sistema decimal porque se consideraba que era más natural. Comenzó la medianoche del equinoccio de otoño (antiguo 22 de septiembre) de 1792 y se abolió en 1805. En este calendario, el año se encontraba formado por 12 meses de 30 días (360 días) así que al final de cada año había que añadir 5 días que recibían el nombre de epagómenos. A estos 5 días que eran festivos (día de la virtud, del talento, del trabajo, de la opinión y de las recompensas) se le sumaba el día de la Revolución en los años bisiestos. Cada mes estaba formado por 3 semanas de 10 días que recibían el nombre de décadas. Los meses fueron renombrados por el poeta Philippe François Nazaire Fabre quien los denominó haciendo referencia a la naturaleza y a las actividades agrícola e industrial (vendimiario, brumario, frimario, nivoso, pluvioso, ventoso, germinal, floreal, pradial, mesidor, termidor y fructidor). Los días de la semana pasaron a llamarse de forma ordinal: primero, segundo… hasta décimo que era el único día de descanso de la semana.

Puede que sea un razonamiento muy básico, pero en mi opinión el hecho de obligar a la población a cambiar un elemento cultural clave como es el calendario (y las costumbres y tradiciones asociadas) sin que le aporte ningún tipo de beneficio hace que esta misión haya estado destinada al fracaso desde el principio. Además, el hecho de que la semana laboral pasase de 7 a 10 días manteniendo un único día de descanso para los trabajadores no creo yo que favoreciese la popularidad del nuevo calendario. Más bien, todo lo contrario, ya que implica 3 días adicionales de trabajo y el cambio en el establecimiento de los días de feria y mercado. El tener que abandonar las fiestas tradicionales y substituirlas por otras nuevas tampoco creo que favorezca el entusiasmo de la población.

Otra de las razones que favoreció la desaparición del calendario revolucionario fue que, dado que la tradicional semana de 7 días está basada en que el ciclo lunar dura 4 semanas, el pasar a semanas de 10 días creó una incompatibilidad con los ritmos establecidos para las siembras y mercados agrícolas y ganaderos que se rigen por la combinación del ciclo solar (equinoccios) y de los ciclos lunares.

Por último, pero no por ello menos importante, un gran problema que tuvo la nueva república con la formulación del nuevo calendario es que no se tuvo en cuenta que los años bisiestos en base al equinoccio no ocurren de forma regular cada 4 años por lo que al no existir un patrón era muy complicado planificar eventos futuros.

Referencia:

Ordóñez, J. Medir la República para medir el mundo.

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