Foto de Pixabay / Pexels.com

A menudo se habla de la Edad Media como una época oscura en cuanto al conocimiento y a los desarrollos científicos y tecnológicos. Sin embargo, en este período bajo el amparo del mundo islámico (en concreto coincidiendo con la época abasida, a partir del siglo VIII) se vivió una etapa dorada con Bagdad como principal centro cultural. De esta forma la cultura islámica no solo sirvió de cultura bisagra sobre la que se apoyó posteriormente el resto de los avances de la Edad Media, sino que también sacó a las culturas mediterráneas de su aislamiento y las puso en contacto con el Extremo Oriente. Por ello no tiene mucho sentido que algunos historiadores consideren que la ciencia islámica ocupe un lugar secundario dentro de la historia de la ciencia. Y es estos basan sus argumentos en que mayoría de los tratados científicos originales se han perdido llegando a considerar la ciencia islámica como una simple copia de la cultura clásica griega debido a la helenización de la ciencia islámica producida por el “movimiento de traducción greco-árabe” que tuvo lugar entre los siglos VIII y X.

La cultura islámica estaba aventajada en varios ámbitos científicos y tecnológicos, incluyendo las matemáticas y la filosofía natural. Pero, sin lugar a dudas, donde destacó fue en la astronomía. Esta se caracterizó no solo por una importante revisión de los textos griegos (especialmente del modelo de Ptolomeo) sino también por sus importantes avances tanto en la metodología como en el desarrollo de instrumentación. Entre los instrumentos, podríamos destacar el astrolabio por su fuerte impacto social.

El astrolabio es un antiguo instrumento astronómico que permite localizar diferentes puntos geográficos en la superficie terrestre. Era un instrumento muy usado por navegantes, astrónomos y científicos para, principalmente, localizar astros y observar su movimiento. Para que nos hagamos una idea de su importancia, estuvo presente de forma transversal en muchas culturas. Aunque los orígenes del astrolabio se remontan al siglo III a.C. en Grecia, fue dentro del desarrollo de la ciencia de Al-Andalus donde se materializó la perfección de la fabricación de este tipo de instrumento científico. Así fue la España musulmana, principalmente durante el siglo XI, la pionera en el desarrollo del astrolabio que despertó mucho interés entre las élites políticas y religiosas de la época. Sin embargo, alcanzó su máxima popularidad en los siglos XV y XVI. La impacto social del astrolabio es tal que en esa época no solo era una herramienta básica para la educación con respecto a la astronomía sino que además su correcto manejo estaba fuertemente asociado a ser de buena familia y haber disfrutado de una buena educación.

El también llamado “buscador de estrellas” tiene una forma circular muy característica con una anilla en su parte superior para suspenderlo en posición vertical. De forma resumida el frontal del astrolabio está compuesto por dos partes, una fija y una rotativa. La parte fija representa las escalas temporales y la proyección estereográfica del cielo vista desde la latitud específica y la rotativa simula la rotación diaria del cielo. Así la circunferencia que recibe el nombre de madre se encuentra marcada en grados y a menudo también en horas y minutos, y sobre su eje gira una aguja que es la que debe de indicar la dirección del punto elegido. Además, en la parte delantera, que es ligeramente cóncava, hay otros dos discos. El interno recibe el nombre de tímpano y es una placa fija grabada con las coordenadas de la esfera celeste. El disco interno se llama araña y representa el planisferio transparente con las posiciones del Sol, la Luna y las estrellas más brillantes del lugar. El tamaño de los astrolabios suele ser de unos 25 centímetros de diámetro, aunque hay astrolabios muy pequeños (de unos 8 centímetros de diámetro) y otros enormes (de más de un metro de diámetro). En cuanto al material de fabricación, todos los astrolabios que se conservan hoy en día están formados por latón, que es una aleación de zinc y de cobre.

Foto de Yatz Terix / Pexels.com

El telescopio es un instrumento que permite observar objetos lejanos con mucho más detalle que a simple vista. Aunque el instrumento que se nos viene a la cabeza cuando hablamos de telescopio es el óptico en realidad hay otros muchos tipos (radiotelescopios, telescopios infrarrojos o ultravioletas). El telescopio óptico apareció en el siglo XVII en los Países Bajos. Se atribuye su invención a Hans Lippershey ya que es el nombre que figura en la patente más antigua que se conoce.

El diseño del telescopio no solo es más sencillo que el del astrolabio, sino que empezó siendo simple. Los primeros telescopios (refractores) se basaban solamente en poner una lente convexa en el objetivo y una lente cóncava en el ocular. A lo largo de los años se fueron añadiendo modificaciones con el objetivo de mejorar su función. Por ejemplo, Isaac Newton (1668) incorporó un espejo diagonal plano dispuesto para desviar la luz recogida por el espejo esférico principal hacia un ocular montado en uno de los costados. Otra importante mejora fue la introducción de un pequeño espejo secundario convexo para reflejar la luz a través de un agujero central en el espejo principal realizada por Laurent Cassegran (1672). Pero, incluso a día de hoy se siguen creando nuevos y mejores telescopios para observar cada vez a mayores distancias. Si todo va bien este año la NASA en colaboración con la ESA (European Space Agency) y la CSA lanzarán el telescopio espacial James Webb que una vez desplegado ocupará un tamaño similar al de una pista de tenis.

La invención del telescopio ha sido un elemento esencial dentro de la astronomía ya que a medida que se iban desarrollando diferentes mejoras nos iba permitiendo una mayor comprensión de no solo de nuestro planeta sino también de todo nuestro universo. Uno de los grandes avances que permitió el uso del telescopio fue confirmaron la validez del sistema heliocéntrico de Copérnico. Y es que las observaciones hechas por Galileo sobre los satélites de Júpiter y la constatación de que Venus pasa por fases similares a las de la Luna terrestre estaban en sintonía con la idea que él defendía de que la Tierra no es el centro del sistema solar. Sin este invento el descubrimiento de nuevos planetas, estrellas y galaxias cercanas no hubiese sido posible.

Referencias

Astrolabio. Historia y uso

El astrolabio: qué es y cómo funciona

El astrolabio: una herencia de la Grecia clásica recibida a través de la ciencia islámica

Galileo y su telescopio, los primeros ojos hacia el espacio

Historia del telescopio

La historia del telescopio

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s