photo courtesy of Eileen Gregory /Wikipedia

Hoy os traigo un post diferente. Me han planteado hacer una entrevista ficticia pudiendo elegir a la persona de entre una lista de científicas. Por supuesto, he barrido para casa y he escogido una microbióloga. En concreto a Elizabeth Bugie Gregory (5/10/1920 – 10/04/2001). Os mentiría si os dijera que me suena lo más mínimo su nombre, por lo que estoy convencida de que este tipo de contenidos es importantísimo compartirlo. Además, creo que el formato propuesto puede resultar bastante ameno.

Elisabeth, ¿podrías hablarnos un poco de usted?

Nací el 5 de octubre de 1920 en EEUU. Aunque mi padre solo pudo cursar estudios secundarios, siempre fue una persona muy curiosa y estaba fuertemente convencido de que yo debía recibir una buena educación. Además de tener la suerte de haber heredado la curiosidad de mi padre, también soy una persona muy analítica y a la que le gustan los retos. Por eso creo que habría podido estudiar sin problema la carrera de física o alguna ingeniería. Sin embargo, en mis tiempos la biología era mucho más aceptable para “una señorita” por lo que fue lo que terminé estudiando.

¿Y en cuanto a su carrera como científica?

Pues puedo serte sincera si te digo que le he dedicado media vida a los antibióticos.

Primero estudié el grado de microbiología en la Universidad para mujeres de New Yersey, en lo que hoy es el Douglass Residential College. Después realicé mi maestría en la Universidad de Rutgers, donde ya me incorporé al laboratorio del bioquímico Selman A. Waksman. Mi investigación estaba centrada en la búsqueda de compuestos antimicrobianos que protegieran a las plantas de una patología conocida como la enfermedad del olmo holandés. Allí me convertí en un miembro muy importante del equipo investigador y jugué un papel muy importante en el descubrimiento de la estreptomicina.

Años más tarde, cuando dejé de trabajar en la Universidad de Rutgers, me contrataron en el laboratorio Merck para investigar el uso de otros compuestos como el ácido pirazinoico y la penicilina como posibles antibióticos contra la tuberculosis.

¿Qué supuso para usted participar en el descubrimiento de la estreptomicina?

Pues ya te puedes imaginar. Es un gran honor ser una de las personas implicadas en uno de los grandes descubrimientos del siglo XX. La identificación de la estreptomicina, el primer antibiótico efectivo contra Mycobacterium tuberculosis, la bacteria causante de la tuberculosis hizo que esta enfermedad infecciosa pasara de tener una condición incurable a ser potencialmente tratable y curable. Y es que no podemos olvidar que la tuberculosis fue una de las principales causas de muerte en todo el mundo en la década de 1940.

¿Alguna vez ha sufrido algún tipo de discriminación por ser una mujer que trabaja en ciencia?

Pues lamentablemente sí.  De hecho, uno de esos episodios de discriminación por ser mujer está relacionado con el descubrimiento de la estreptomicina. A pesar de que yo fui la encargada de confirmar de forma independiente la identificación de este nuevo antibiótico, razón por la cual aparezco como segunda autora en el artículo publicado en la revista científica “Proceedings of the Society for Experimental Biology”, no se incluyó mi nombre como inventora a la hora de realizar la patente. En privado, llegaron a decirme que esto era debido a que para mí no era algo necesario ya que algún día me casaría y tendría hijos. Aunque finalmente conseguí recibir el 0,2% de los derechos de la patente por mi implicación en el descubrimiento de la estreptomicina, esto es mucho menos de que lo que se llevaron Waksman (10%) y el Schatz (3%). De hecho, Waksman confesó que yo había participado más que Schatz, estudiante de doctorado y primer autor del artículo.

Por si esto fuera poco, Waksman ganó el Premio Nobel de Medicina en 1952 por el descubrimiento de la estreptomicina quedando tanto la participación de Schatz y la mía en el olvido.

¿Cree que descubrir la estreptomicina la hizo mejor científica?

No necesariamente. Creo que las circunstancias, y entre ellas la suerte, juegan un papel fundamental en los grandes descubrimientos. Evidentemente, solo con la suerte no hubiéramos descubierto la estreptomicina, sabíamos que buscábamos compuestos antimicrobianos y teníamos los conocimientos teóricos y prácticos para hacerlo. Aún así, aunque no hubiéramos descubierto la estreptomicina estoy satisfecha con mis otras aportaciones a la ciencia. Entre otras cosas, en mi tesis “Producción de sustancias antibióticas por Aspergillus flavus y Chaetomium cochliodes“, realicé la optimización de la producción de la flavicina y la chaetomin. Además, también trabajé con otros compuestos antimicrobianos para su aplicación en patología de plantas.

Muchas gracias por responder a nuestras preguntas que seguro nuestros lectores encontrarán muy interesantes

Muchas gracias por la revista y a los lectores por dedicar 5 minutos de su tiempo a conocer mi historia como mujer científica en el siglo XX.

Referencias

Elizabeth Bugie

Elizabeth Bugie Gregory, la microbióloga ‘invisible’ que tumbó la tuberculosis

Elizabeth Bugie Gregory la microbiologa

Elizabeth Bugie Gregory la microbiologa que tumbo la tuberculosis

Elizabeth bugie the invisible woman in the discovery of streptomycin

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