Cuando iba al colegio de pequeña, yo (como la mayoría de los niños y niñas de mi clase) tenía la asignatura de religión. Sin embargo, a día de hoy no puedo ser más atea. Así que puedo entender que exista un conflicto entra la ciencia y la religión ya que en principio a mi me parecen que son cosas totalmente opuestas.

Foto de T Foz / Unsplash

Siempre nos han dicho que a lo largo de la historia ha habido momentos muy tensos entre la ciencia y la religión ya que esta última veía fuertemente amenazada su posición de poder. De hecho, seguramente conoces algún caso en el que la religión (y la sociedad del momento) perseguía ciertas formas de pensamiento así como teorías o avances científicos. Los casos de Galileo con su teoría heliocéntrica y Darwin con la teoría de la evolución son los ejemplos más típicos de este conflicto universal entre ciencia y religión. Pero esto no es algo del pasado sino que es algo permanente y a día de hoy sigue habiendo ciertos conflictos, sobretodo en aquellos temas relacionados con la reproducción asistida, la eutanasia o el aborto. 

Pero…¿Qué entendemos por ciencia?¿y por religión? Pues yo creo que pensamos en la ciencia como en una forma de vida basada en la aplicación estricta del método científico basado en la observación y en la experimentación. Sin embargo, la religión sería totalmente lo opuesto. Una forma de vida basada en la fe y en el dogma que no necesita de pruebas ni de razonamientos lógicos. Para mi que soy científica son bastante incompatibles, pero, y aunque ha ido disminuyendo a lo largo del siglo XX, en la actualidad un 25% de los profesionales dedicados a la ciencia creen en la existencia de un ser superior. De hecho, la mayor parte de los ganadores de un Premio Nobel (90%) pertenecen a una religión mientras que solo el 10% se considera ateo o agnóstico.

Foto de T Foz on Unsplash

Supongo que esta gente ha conseguido que la ciencia y la religión puedan convivir tranquilamente la una junto a la otra, siempre y cuando no se extralimiten y no interfieran entre ellas. Y es que no podemos olvidar que, en realidad, el conflicto no se da entre la ciencia y la religión, sino que se produce entre sus instituciones y la gente que las conforma.

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