Historia de un protón

Foto de NASA  / Unsplash

Soy un protón. Un simple protón de un átomo de hierro. Soy un pequeño protón, pero mi historia es muy grande.

Todo, absolutamente todo, empezó con el Big Bang. Este momento clave en el universo, que tuvo lugar hace más o menos 13.800 millones de años, corresponde al instante justo en el que se creó la materia y la energía tal y como las conocemos. Pero no solo esto, sino que también surgió el tiempo y el espacio.

Casi de forma instantánea al Big Bang (apenas una cienmilésima de segundo después), se empezaron a formar los agregados de quarks (un tipo de partícula elemental). Estos a su vez se agruparon en de tres en tres, de forma que algunos tripletes dieron lugar a los protones mientras que otros tripletes dieron lugar a los neutrones.

Foto de NASA  / Unsplash

Durante el primer minuto y medio después del Big Bang empezaron a aparecer los primeros elementos químicos. En primer lugar, mis primos más ligeros: hidrógeno (cuyo núcleo está formado por un protón) y helio (cuyo núcleo está formado por la fusión de dos protones a los que se unen dos neutrones). En este momento de la historia, ni mis otros primos ni yo (que somos átomos más estables) habíamos nacido porque necesitamos de temperatura más bajas para que los núcleos puedan interaccionar con los electrones. De momento la temperatura es tan tan alta que esta interacción no es posible ya que lo que hay es un plasma de núcleos y electrones. 

Hubo que esperar muchos miles de años para que mis primos más conocidos (carbono, nitrógeno, oxígeno, sodio, magnesio y sodio) y yo pudiéramos nacer gracias a las estrellas. Y es que, si una estrella tiene la suficiente masa, las condiciones de presión y temperatura permiten que los núcleos se sigan uniendo (fusión termonuclear) dando lugar a núcleos cada vez más pesados.

Para que nacieran mis primos más pesados como son plata, estaño, oro, mercurio o plomo fue necesaria una gran cantidad de energía, procedente de la explosión de ciertas estrellas al morir (supernovas).

Foto de NASA  / Unsplash

A medida que pasó el tiempo y se producían más supernovas, estas sembraron el universo con todo tipo de átomos. Estos elementos junto a las nubes de gas y polvo cósmico acabaron por dar lugar a los diferentes elementos del Sistema Solar hace 4.500 millones de años.

Mi destino fue la Tierra, un planeta con una gran superficie de agua líquida. La mayor parte de los protones de hierro que vinieron a este planeta se encuentran en el núcleo y en la corteza terrestre. Normalmente no están solos en la naturaleza, sino que suelen estar formando diferentes minerales. Pero yo fui uno de los elegidos para vivir dentro de los seres vivos donde juego un papel esencial en su supervivencia, ya que soy imprescindible para la oxigenación de los tejidos y para un correcto funcionamiento del metabolismo en la mayoría de las células.

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Soy un protón. Un simple protón de un átomo de hierro. Soy un pequeño protón, pero mi historia es muy grande.

Publicado por Ciencia Miúda

Intento convencer a la gente de que las bacterias molan.

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